Una madre pregunta qué se anotó el día que su hijo se golpeó el incisivo, hace dos años. Otro paciente se muda a mitad de la ortodoncia y pide sus registros iniciales. Llega un aviso sobre un lote de implantes y hay que saber en qué bocas está. Las tres preguntas tienen respuesta si alguien anotó en su día lo que cada área necesitaba que constara.

Registro clínico por especialidad dental: qué anota cada área

Qué tiene que dejar registrado cada área de la clínica dental —ortodoncia, implantología y odontopediatría— para que un caso se pueda seguir durante años, y qué se pierde cuando va en texto libre. Para quien dirige una clínica dental o trabaja en ella.

sillón dental vacío a contraluz con modelo de escayola, caja de implante y peluche Tres áreas, un mismo sillón y una misma historia clínica.

1. Por qué el registro clínico cambia con el área dental

La historia clínica dental es una por paciente, y el odontograma también. Lo que cambia de un área a otra no es el formato: es lo que tiene que constar y durante cuánto tiempo hay que poder leerlo. Un empaste se entiende con tres datos. Una ortodoncia, un implante o la boca de un niño necesitan bastantes más, y los necesitan años después.

1.1. Una historia, un odontograma y tres formas de mirar

La ortodoncia mira un caso que dura años y se mide contra su punto de partida. La implantología deja en la boca un producto sanitario con marca y lote, y la historia tiene que poder decir cuál. La odontopediatría registra una boca que cambia de piezas mientras se trata, en un paciente que no firma por sí mismo.

Las tres escriben sobre el mismo odontograma, y si cada una lleva su hoja aparte, la historia existe tres veces y no coincide ninguna. Lo común a todas —anamnesis, odontograma, periodontograma y radiografías— está ordenado en qué registrar en la historia clínica dental. Aquí va lo que añade cada área.

1.2. «Especialidad» no es un título oficial en España

En la clínica se habla de especialidades, pero en España la odontología no tiene especialidades oficiales. Seis sociedades científicas —de periodoncia, cirugía bucal, ortodoncia, odontopediatría, endodoncia y prótesis— pidieron crearlas, y el Ministerio de Sanidad denegó el inicio de los procedimientos por resoluciones del 9 de julio de 2026, que esas sociedades han recurrido, según informó el Consejo General de Dentistas en agosto de 2026.

Para el registro, la consecuencia es práctica: ningún título dice quién anota qué. Lo que ordena la historia es quién trató, cuándo y en qué área de la clínica, y eso se decide dentro de ella: cómo se organiza el catálogo de actos y qué ve y escribe cada profesional. Por eso este artículo habla de áreas.

1.3. Tres áreas, tres relojes

Lo que cada área añade a la historia clínica dental
ÁreaLo que añade al registroCuánto dura el seguimientoLo que se pierde en texto libre
OrtodonciaRegistros iniciales, fases, controles y retenciónAños, y después la retenciónContra qué comparar el resultado
ImplantologíaEl producto: marca, modelo, medidas y loteToda la vida del implanteEn qué pacientes está un lote
OdontopediatríaDos denticiones, el tutor que consiente y los golpesHasta la dentición permanente, y a veces másQué se anotó el día del golpe

En las tres, el alta del proceso llega mucho después de la primera visita. Es lo que las separa del resto de la odontología general: la historia se escribe hoy para alguien que la leerá dentro de años, y que a menudo no será quien la escribió.

2. Ortodoncia: registros iniciales y fases de un tratamiento largo

Un tratamiento de ortodoncia se juzga comparando el final con el principio. Si el principio no quedó registrado con su fecha y atado al caso, el resultado no tiene contra qué medirse: ni ante el paciente, ni ante otro profesional, ni ante una reclamación.

2.1. Los registros iniciales son el punto de comparación

El estudio de ortodoncia suele reunir fotografías intraorales y extraorales, radiografías —la panorámica y la telerradiografía lateral de cráneo, entre otras—, modelos de estudio o un escaneado intraoral, y el análisis que el ortodoncista hace de todo ello. Qué incluye cada estudio lo decide quien trata.

Lo que decide la clínica es cómo se guarda: cada registro con su fecha, su tipo y atado al caso, no en la carpeta del escáner ni en el móvil de quien hizo las fotos. El recorrido completo, con lo que se pierde en cada formato, en qué registros iniciales guardar en ortodoncia.

2.2. Cada fase se abre y se cierra en la ficha

Un tratamiento pasa por etapas —estudio, aparatología activa, retirada y retención— y cada una tiene sus registros, sus citas y a veces su propio cobro. Qué fase toca y cuánto dura lo decide el ortodoncista; lo que se decide en gestión es que cada fase se abra y se cierre en la ficha, con su fecha y su responsable.

Sin eso, la pregunta más frecuente del paciente, «¿en qué punto estoy?», se contesta leyendo las notas de dos años. El reparto, etapa por etapa, está en qué se registra en cada fase de ortodoncia.

2.3. Alineadores o brackets: lo que cambia para la clínica

Qué aparato lleva cada paciente lo decide el ortodoncista. Para la clínica, en cambio, los dos caminos no generan el mismo trabajo. Con brackets, el registro gira alrededor de los controles en el sillón: qué arco, qué ajuste, qué se despegó. Con alineadores gira alrededor de las entregas: qué alineador lleva el paciente, cuántos se le dieron y cuándo tiene que volver a por los siguientes.

Cambia también el presupuesto, porque los alineadores suelen llevar un coste de fabricación que la clínica asume antes de empezar. La comparación, en registros, controles, presupuesto y seguimiento, está en alineadores o brackets vistos desde la clínica.

3. Ortodoncia: controles, retención y el paciente que se va

La mayor parte del tiempo de un caso de ortodoncia se va en controles, y la parte que más se descuida es la última: la retención. Entre medias aparece el paciente que deja el tratamiento o se muda, que es cuando la historia se lee de verdad.

3.1. El control que no se anota se reconstruye de memoria

Un control dura poco y se repite muchas veces, y por eso se anota mal. «Revisión, todo bien» no sirve para ver la evolución de nada. Cada control tiene que dejar lo mismo y en el mismo sitio, para que el siguiente profesional lea el caso sin tener que llamar al anterior.

  • La aparatología y lo que se cambió: arco, ligaduras o alineador en curso.
  • Las incidencias: roturas, pérdidas de aparatos y citas perdidas.
  • Higiene y colaboración, anotadas de forma que se puedan comparar.
  • Lo que se le dijo al paciente o a su familia.
  • La próxima cita, dada o pendiente, a la vista de recepción.

Qué se anota en cada visita, y cómo se lee después la serie completa, en qué registrar en cada control de ortodoncia.

3.2. La retención también es tratamiento

Cuánto dura la retención y con qué aparato lo decide el ortodoncista. Lo que queda del lado de la clínica es que conste qué se colocó —un retenedor fijo, en qué piezas, o uno removible—, qué instrucciones se le entregaron al paciente y cuándo tiene que volver.

Un retenedor fijo que se despega o uno removible que se dejó de usar aparecen años después, y la historia es lo único que dice qué se pactó. Está en lo que se registra en la retención.

3.3. Abandono y traslado: el caso que se cierra fuera de plan

Cuando un paciente deja el tratamiento, la Ley 41/2002, de autonomía del paciente, le reconoce en su artículo 2.4 el derecho a negarse y exige que su negativa conste por escrito. Para la clínica, eso es un documento firmado, con lo que se le informó y el estado en que se deja el caso. Cómo se documenta, en el consentimiento y registro del abandono.

El traslado es la versión amable del mismo problema: el paciente se muda y otra clínica tiene que seguir su caso. El artículo 18 de la misma ley le da derecho a acceder a su historia y a obtener copia. Qué entregar, qué pedir y cómo cerrar las cuentas, en el traslado de un paciente de ortodoncia.

Demo configurada para tu especialidad

30 minutos con datos reales de tu tipo de clínica. Sin ejemplos genéricos.

4. Implantología: qué implante, de qué lote y qué se lleva el paciente

Un implante no es solo un acto: es un producto sanitario que se queda en el paciente. La historia tiene que poder decir cuál es, de dónde vino y qué se le entregó al paciente, porque un día alguien lo va a preguntar.

4.1. El implante se registra como producto, además de como acto

El Real Decreto 192/2023, de productos sanitarios, establece en su artículo 5.4 que la información que permite identificar cualquier producto sanitario implantable se facilita al paciente y se incluye en su historia clínica. En un implante dental eso es, como mínimo, qué implante y dónde: marca, modelo, medidas, lote y la posición en la numeración de dos dígitos.

Lo mismo vale para lo que lo acompaña: el material de injerto y la membrana también tienen fabricante y lote. Anotar «implante en el 46» cumple con el acto y deja a la clínica sin respuesta el día en que la pregunta es qué se puso. Los campos, uno a uno, en el registro del implante con marca y lote.

4.2. Del albarán al paciente: la cadena de trazabilidad

El artículo 36.6 del mismo real decreto obliga a los centros y profesionales sanitarios a almacenar y conservar, preferiblemente por medios electrónicos, el identificador único (UDI) de los implantables de clase IIa y IIb que les suministren. El implante dental es de clase IIb. La obligación empieza, por tanto, antes del paciente: en el albarán de quien lo sirve.

La cadena tiene tres eslabones: lo que entra con su lote, lo que está en el almacén y lo que se colocó en cada boca. Si uno se rompe, un lote ya no se puede seguir hasta el paciente. Cómo se monta, en la trazabilidad de los implantes dentales. Es la misma obligación que ya se cumple en quirófano con otros implantables, como las lentes intraoculares.

cajón de almacén abierto con cajas de implante alineadas y una aparte en una bandeja Del albarán al paciente: cada implante tiene que poder seguirse hasta la boca en la que está.

4.3. La tarjeta de implante y el día que llega una alerta

El Reglamento (UE) 2017/745, de productos sanitarios, obliga en su artículo 18 al fabricante a suministrar con el implante una tarjeta que lo identifica, y a los centros a ponerla a disposición del paciente con su identidad. El artículo 36 del real decreto lo concreta: la cumplimenta el centro, con sus datos y los del paciente, y se la entrega.

El mismo artículo 18.3 exime una lista de implantes: material de sutura, grapas, materiales de obturación dental, aparatos de ortodoncia, coronas dentales, tornillos, cuñas, cables, placas, alfileres, clips y dispositivos de conexión. El implante dental no aparece por su nombre, pero la asociación europea de organismos notificados sostuvo en un documento de posición de 2020 que puede considerarse un tornillo, y hay fabricantes que no incluyen tarjeta. Cómo se resuelve en la clínica, en qué hacer con la tarjeta de implante dental.

Lo que no depende de esa discusión es el día de la alerta. Cuando un fabricante o la autoridad sanitaria comunica un problema con un lote, la pregunta es en qué pacientes está, y solo tiene respuesta si el lote se anotó. El real decreto pide además a cada centro sanitario un responsable de vigilancia, en su artículo 35.3. El procedimiento, en qué hacer ante una alerta de lote.

5. Implantología: carga, revisiones, garantía y consentimiento

Colocado el implante empieza la parte más larga de su historia: la prótesis que lleva, las revisiones y los papeles que se firmaron antes de la cirugía. Todo eso se lee años después, a menudo por alguien que no estuvo en el quirófano.

5.1. Carga inmediata o diferida: lo que deja escrito cada camino

Cuándo se carga un implante es una decisión clínica, y este artículo no la toma. Lo que sí cambia con cada camino es lo que queda registrado. Con carga inmediata, la provisional se coloca el mismo día y constan los datos que el profesional anotó para decidirlo. Con carga diferida hay un periodo de espera, a menudo una segunda fase y una fecha de carga distinta de la de colocación.

En los dos casos, la fecha de colocación y la de carga son dos datos distintos, y confundirlas estropea cualquier seguimiento posterior. El detalle, en lo que registra la carga inmediata o diferida.

5.2. La revisión ordinaria y su referencia

Un implante se revisa comparando cada visita con la medida de referencia de ese implante: sondaje, sangrado, estado de la prótesis e imagen de control cuando se toma. Si esa referencia no se registró, no hay contra qué comparar. El intervalo lo fija quien trata; lo que se decide en gestión es que quede escrito, atado a la revisión que lo motivó, y que se convierta en una cita.

La revisión ordinaria está en las revisiones periódicas de los implantes dentales. Cuando aparecen signos de enfermedad alrededor del implante, el seguimiento cambia y se registra de otra manera; aquí se trata la revisión de rutina.

5.3. Garantía y consentimiento: dos papeles que se leen años después

La garantía del implante suele tener dos capas: la que da el fabricante sobre el producto y la que ofrece la clínica sobre su trabajo, cada una con sus condiciones. Las dos exigen lo mismo para hacerse valer: saber qué implante se puso, cuándo, y si el paciente acudió a las revisiones pactadas.

La cirugía de implantes es una intervención quirúrgica, y el artículo 8.2 de la Ley 41/2002 exige para ella consentimiento por escrito; el artículo 10 fija la información básica que tiene que recoger. Los riesgos concretos son contenido clínico de cada clínica. La estructura del documento está en el consentimiento informado para implante dental.

6. Odontopediatría: el odontograma de un niño cambia de números

Un niño llega con dientes temporales y se va, años después, con dientes permanentes. Entre medias pasa una etapa en la que tiene de las dos series a la vez. El odontograma tiene que contar esa historia sin mezclar una pieza con la que la sustituye.

6.1. La serie 51-85 y lo que no se cuenta igual

La dentición temporal se numera con los cuadrantes 5 a 8: del 51 al 55 en el superior derecho, hasta el 85 en el inferior derecho. Son veinte piezas, sin premolares, y cada una tiene una sucesora permanente en su posición: el 55 deja sitio al 15.

La pieza temporal no se sobrescribe con la permanente. Son dos dientes distintos con historias distintas, y el tratamiento que tuvo el 55 no es del 15. Los índices tampoco se mezclan: el de caries de la dentición temporal se calcula aparte del CAOD. Qué cambia en el niño, en el odontograma infantil de la dentición temporal.

6.2. Dentición mixta: dos series a la vez

En la dentición mixta conviven en la boca números de las dos series. El registro tiene que distinguir situaciones que en un dibujo se parecen: una pieza temporal que se ha caído, una permanente que todavía no ha salido y una pieza que falta. «Ausente» y «aún no erupcionada» no son el mismo dato, y un odontograma que los confunde cuenta como pérdida lo que solo es espera.

Las etapas de ese periodo y cómo se anota cada cambio, sin edades de referencia que no le tocan al registro, en las fases de la dentición mixta en el registro.

sala de espera infantil vacía con juguetes y un sillón dental iluminado al fondo En odontopediatría, la historia se escribe para una boca que va a cambiar de piezas.

6.3. Primera visita y revisiones: el punto de partida de una boca que cambia

A qué edad debe ir un niño al dentista por primera vez lo dicen las sociedades científicas y quien trata; aquí interesa lo que la clínica deja registrado ese día. La primera visita de un niño añade a la de un adulto quién le acompaña y con qué relación, hábitos que en un adulto no se preguntan y un odontograma de partida en dentición temporal. Está en la primera visita dental infantil en la clínica.

Las revisiones comparan contra ese punto de partida. El intervalo lo fija quien trata; lo de la clínica es que quede escrito, se convierta en cita y llegue a quien tiene que traer al niño, que en odontopediatría no es el paciente.

En la demo de 30 minutos configuramos obeliomed con los datos reales de tu especialidad.

7. Odontopediatría: quién consiente, el golpe y lo que se aplicó

En odontopediatría el paciente no suele ser quien decide, y los hechos más importantes de su historia a veces pasan fuera de la clínica: un golpe en el patio o una caída en bicicleta. El registro tiene que saber quién firmó y qué pasó.

7.1. Quién firma por un menor

El artículo 9 de la Ley 41/2002 regula el consentimiento por representación. Cuando el menor no es capaz intelectual ni emocionalmente de comprender el alcance de la intervención, consiente su representante legal, después de haber escuchado su opinión. Si tiene 16 años o está emancipado no cabe consentir por él, salvo en una actuación de grave riesgo para su vida o su salud según el criterio del facultativo.

Para la clínica, quién firma es un dato de la historia y no un detalle del papel: quién acompañaba al niño, qué relación tiene con él y en virtud de qué firma. Detalle en el consentimiento del menor en el dentista.

7.2. Padres separados: un solo hijo, dos firmas posibles

El Código Civil establece en su artículo 156 que la patria potestad se ejerce conjuntamente por ambos progenitores o por uno solo con el consentimiento expreso o tácito del otro, y que son válidos los actos que realice uno de ellos conforme al uso social y a las circunstancias o en situaciones de urgente necesidad.

Qué tratamiento cabe en el uso social y cuál exige a los dos es la pregunta que llega a la clínica cuando los padres no se hablan. La clínica no la resuelve, pero sí puede dejar escrito lo que sabía: quién consintió, si el otro progenitor estaba informado y si le consta una resolución judicial que atribuya la decisión a uno de ellos. Los casos típicos, en los padres separados ante el tratamiento dental.

7.3. El golpe, el sellador y el flúor: registros que se leen años después

Qué se hace ante un diente golpeado es criterio de quien trata. Lo que tiene que quedar escrito ese día es otra cosa: cuándo, dónde y cómo fue, qué piezas, qué se vio y en qué imágenes, qué se hizo y qué se les dijo a los padres. El seguimiento de un traumatismo dura años, y los padres vuelven preguntando por aquel golpe, a veces con un seguro escolar de por medio. Está en qué registrar ante un traumatismo dental infantil.

Con la prevención pasa lo contrario: no hay un día que nadie recuerde. Qué aplicar y cuándo lo decide quien trata; lo que decide la clínica es que lo aplicado quede anotado por pieza y superficie, con el producto, la fecha y quien lo aplicó, y que su revisión tenga una cita. Está en cómo registrar los selladores y el flúor.

8. Lo común a las tres: contrato, cobro y conservación

Ortodoncia, implantes y odontopediatría comparten tres cosas que la historia sola no resuelve: un acuerdo con el paciente que dura años, un cobro que no coincide en el tiempo con los actos y una documentación que hay que conservar mucho después del alta.

8.1. El contrato de ortodoncia no es el presupuesto

El presupuesto dice qué se hace y cuánto cuesta. El contrato de un tratamiento largo dice además qué pasa cuando las cosas no salen como estaba previsto: la duración estimada, cómo se reparten los pagos, qué cubre la retención, qué cuesta reponer un aparato perdido y qué ocurre si el paciente abandona o se traslada.

Un contrato que vive en una carpeta aparte del caso que regula se queda viejo en cuanto el caso cambia de fase. Lo que tiene que recoger, cláusula a cláusula, está en lo que debe incluir un contrato de ortodoncia.

8.2. Cobrar un tratamiento que dura más que el presupuesto

En ortodoncia es habitual la cuota mensual; en implantes, el anticipo que cubre lo que la clínica paga antes de tratar. Las dos cosas funcionan mientras el cobro esté atado a lo aceptado y a lo hecho, y fallan cuando viven en una hoja de cálculo aparte. El circuito entero está en el presupuesto dental, del plan al cobro.

La agenda que sostiene controles, revisiones y retenciones es el otro pilar del día a día, ordenado en el circuito de gestión de la clínica dental. Y cuánto deja cada área en la cuenta —el sillón que ocupa, el laboratorio que paga, el tiempo que consume— es otra conversación: la de la rentabilidad de la clínica.

8.3. Conservar lo que dura más que el tratamiento

El artículo 17 de la Ley 41/2002 obliga a conservar la documentación clínica como mínimo cinco años desde el alta de cada proceso asistencial. En las tres áreas el alta llega tarde: al terminar la retención, al cerrar el seguimiento de un implante o el de un golpe en un diente temporal. Contar el plazo desde la primera visita es borrar antes de tiempo.

  • Ortodoncia: el proceso sigue abierto mientras dura la retención y sus controles.
  • Implantología: la identificación del implante acompaña al paciente toda la vida del implante.
  • Odontopediatría: el golpe de hoy puede tener consecuencias en la pieza permanente de mañana.
  • Consentimientos: se conservan con la versión del documento que se firmó, no con la de hoy.

El marco completo de obligaciones de la clínica —autorización, radiología, consentimiento y conservación— está en la normativa que cumple una clínica dental.

9. Qué aporta obeliOmed

Lo que resuelve este artículo no es un formulario por área: es que las tres escriban sobre la misma historia, cada una con lo suyo, y que lo escrito se pueda leer años después. Lo que existe, y lo que no, dicho en el mismo sitio.

9.1. Tres especialidades, cuatro roles y un solo odontograma

El programa organiza la clínica dental en tres especialidades —odontología, ortodoncia e higiene— y cuatro roles: odontólogo, ortodoncista, higienista y auxiliar, para que cada profesional vea y escriba lo suyo sobre la misma historia. La implantología y la odontopediatría no son especialidades aparte en el programa: se registran sobre el mismo odontograma.

El odontograma numera en FDI y distingue la dentición permanente, la temporal y la mixta, del 11 al 48 y del 51 al 85. Los implantes se marcan en él, y el periodontograma los reconoce sin registrarlos dos veces: sus sitios se sondan igual que los de un diente. Cada radiografía queda asociada a la pieza que muestra, y las fotografías intraorales y extraorales en JPG quedan en el expediente del paciente, donde las abre el visor.

9.2. Implantes, consentimientos y cobro

La trazabilidad del implante sigue la cadena completa: del albarán al stock y del stock al paciente. Los consentimientos dentales están en el programa, y el paciente los firma en su móvil con un enlace de un solo uso; cuando es menor o está tutelado firma su tutor, y la relación de tutela queda registrada con su motivo. Es el consentimiento digital con firma en el móvil.

El plan de tratamiento sale del odontograma y el paciente acepta o rechaza cada línea por separado. Para los tratamientos largos hay cobro recurrente y anticipo. La foto completa del programa, en el software para clínicas dentales de obeliOmed.

9.3. Lo que no hacemos, dicho antes de que lo preguntes

  • No decidimos nada clínico. Ni la carga de un implante, ni la fase de una ortodoncia, ni cuándo vuelve un niño: guardamos el dato y su historia, y lo decide quien trata.
  • No estamos conectados al catálogo de ningún fabricante de implantes.
  • Los modelos 3D del escáner intraoral no se abren en el visor, que trabaja con imágenes.
  • No estamos conectados a ninguna financiera. Si el paciente financia, lo hace con la que trabaje tu clínica.
  • Los avisos al paciente salen por WhatsApp y por email, que son los dos canales.

10. Preguntas frecuentes sobre el registro clínico por especialidad dental

¿Qué cambia en la historia clínica según la especialidad dental?

La historia es una por paciente y el odontograma también; lo que cambia es lo que cada área necesita que conste. La ortodoncia necesita sus registros iniciales, las fases y cada control, porque el resultado se mide contra el punto de partida. La implantología necesita identificar el producto: marca, modelo, medidas y lote de cada implante. La odontopediatría necesita un odontograma que distinga dentición temporal, mixta y permanente, y saber quién consintió por el niño. En las tres el seguimiento dura años, y el alta del proceso llega mucho después de la primera visita.

¿Existen especialidades odontológicas oficiales en España?

No. Seis sociedades científicas —de periodoncia, cirugía bucal, ortodoncia, odontopediatría, endodoncia y prótesis— pidieron al Ministerio de Sanidad crear sus especialidades, y el ministerio denegó el inicio de los procedimientos por resoluciones de julio de 2026, que las sociedades han recurrido, según informó el Consejo General de Dentistas. En la práctica, cada clínica se organiza por áreas de trabajo y decide qué profesional atiende cada una. Para el registro, lo que cuenta es que la historia diga quién trató, cuándo y en qué área, porque ningún título oficial lo dice por ella.

¿Qué datos de un implante dental tienen que quedar en la historia clínica?

El Real Decreto 192/2023 establece en su artículo 5.4 que la información que identifica cualquier producto sanitario implantable se incluye en la historia clínica y se facilita al paciente. En un implante dental eso significa, como mínimo, marca, modelo, medidas, lote y posición en la boca, y lo razonable es hacer lo mismo con el injerto y la membrana cuando los hay. Además, el artículo 36.6 obliga a centros y profesionales a conservar el identificador único, el UDI, de los implantables de clase IIa y IIb que les suministren, y el implante dental es de clase IIb.

¿Es obligatorio entregar la tarjeta de implante con un implante dental?

El Reglamento europeo de productos sanitarios obliga en su artículo 18 a entregar al paciente la tarjeta de implante, y exime una lista de implantes entre los que están las obturaciones, los aparatos de ortodoncia, las coronas dentales y los tornillos. El implante dental no figura por su nombre, pero la asociación europea de organismos notificados defendió en 2020 que puede considerarse un tornillo, y algunos fabricantes no incluyen tarjeta. Lo que no admite discusión es que la información que identifica el implante va a la historia clínica y se entrega al paciente, según el artículo 5.4 del Real Decreto 192/2023.

¿Qué registros iniciales de ortodoncia hay que guardar, y cómo?

Qué incluye el estudio lo decide el ortodoncista, pero suele reunir fotografías intraorales y extraorales, radiografías como la panorámica y la telerradiografía lateral, modelos de estudio o un escaneado intraoral, y el análisis del caso. Lo que decide la clínica es cómo se guardan: cada registro con su fecha y su tipo, atado al caso del paciente y no a la carpeta del escáner o al móvil de quien hizo las fotos. Son el punto de comparación del final del tratamiento, y lo que se entrega si el paciente se traslada a otra clínica.

¿Quién firma el consentimiento de un menor en el dentista?

Depende de su edad y de su madurez. La Ley 41/2002 establece en su artículo 9 que, cuando el menor no es capaz intelectual ni emocionalmente de comprender el alcance de la intervención, consiente su representante legal después de escuchar su opinión. Con 16 años cumplidos o si está emancipado no cabe el consentimiento por representación, salvo en una actuación de grave riesgo para su vida o su salud según el criterio del facultativo. En todos los casos, la historia tiene que decir quién acompañaba al menor, qué relación tiene con él y quién firmó.

¿Qué pasa si los padres están separados y solo uno autoriza el tratamiento?

El Código Civil establece en su artículo 156 que la patria potestad se ejerce por ambos progenitores o por uno con el consentimiento expreso o tácito del otro, y que son válidos los actos de uno solo conforme al uso social o en situaciones de urgente necesidad. Qué tratamiento dental cae de cada lado no lo resuelve la ley con una lista, y ahí surgen los conflictos. Lo que la clínica sí puede hacer es dejar escrito quién consintió, si el otro progenitor estaba informado y si le consta una resolución judicial que atribuya la decisión a uno de ellos.

¿Qué hay que anotar el día que un niño se golpea un diente?

Lo que no se podrá reconstruir después: cuándo, dónde y cómo ocurrió, qué piezas se vieron afectadas, qué se observó y en qué imágenes quedó, qué se hizo, qué se les explicó a los padres y cuándo tiene que volver. Qué tratamiento corresponde es criterio de quien trata. El registro importa porque el seguimiento de un traumatismo dental puede durar años, y porque los padres vuelven preguntando por aquel golpe, en ocasiones con un seguro escolar o una reclamación de por medio. Una nota de dos líneas no contesta a ninguna de esas preguntas.

¿Desde cuándo se cuenta el plazo para conservar la historia de una ortodoncia?

Desde el alta del proceso, no desde la primera visita. La Ley 41/2002 obliga en su artículo 17 a conservar la documentación clínica como mínimo cinco años contados desde la fecha del alta de cada proceso asistencial, y varias comunidades autónomas fijan plazos más largos. En una ortodoncia el proceso no termina al retirar los aparatos: sigue la retención, con sus controles. Lo mismo pasa con un implante o con el seguimiento de un golpe en un niño. Contar el plazo desde la primera anotación lleva a destruir documentación que todavía está viva.

Programa piloto · odontología

Tres clínicas dentales, tres meses gratis

Odontograma, plan de tratamiento, presupuesto por pieza y periodontograma, con tus pacientes y sin pagar nada. A cambio, media hora cada dos semanas para contarnos qué sobra y qué falta.

Más sobre las especialidades dentales

Información adicional

Última actualización: septiembre de 2026.