La retinopatía diabética no avisa en sus fases iniciales, y es una de las causas de ceguera evitable más citadas en adultos en edad laboral de los países desarrollados. El cribado sistemático —no esperar a que el paciente note algo— es lo que cambia el pronóstico, y organizar ese cribado en la consulta es tanto un problema de gestión como clínico.

Retinopatía diabética: cribado, clasificación y seguimiento en la consulta

Cómo clasificar la retinopatía diabética, organizar quién capta y quién lee las retinografías, guardarlas donde se puedan comparar, y evitar que un paciente crónico se pierda entre revisión y revisión.

Silla de exploración con un retinógrafo de mesa genérico y un carrito con gotas oftálmicas Separar quién capta la imagen de quién la lee es lo que permite cribar a más pacientes.

1. Por qué la retinopatía diabética se detecta tarde

1.1. Una complicación que no avisa

La retinopatía diabética, una de las principales patologías oculares, es una complicación microvascular crónica de la diabetes, tipo 1 o tipo 2, y su rasgo más peligroso desde el punto de vista de la gestión clínica es que progresa sin síntomas durante buena parte de su curso. Cuando el paciente nota una pérdida de visión nítida o una distorsión de las líneas rectas, la microangiopatía suele llevar tiempo avanzando, y a veces ya hay edema macular o neovascularización que exigen un tratamiento más complejo del que habría hecho falta con una detección temprana.

1.2. Lo que cuesta cribar mal

Citar a todos los pacientes diabéticos para una consulta completa con el oftalmólogo solo para hacer una fotografía de fondo de ojo satura la agenda con visitas que no necesitan su tiempo más especializado. La alternativa —separar la captura de la imagen de la lectura clínica, y sacar la primera del box del oftalmólogo— es la que permite cribar a más pacientes sin ampliar personal ni consulta, y es el criterio que se sigue en la mayoría de los programas de cribado poblacional de retinopatía diabética. El coste de no organizarlo así no aparece en ningún indicador habitual: se reparte en agendas más cargadas, en pacientes que tardan meses en conseguir cita para algo tan rápido como una fotografía, y en casos que se detectan más tarde de lo que hubiera hecho falta con un cribado sistemático.

2. Clasificación clínica: qué registra el sistema

2.1. Retinopatía no proliferativa: leve, moderada y severa

La retinopatía diabética no proliferativa (RDNP) se debe al aumento de la permeabilidad de los capilares retinianos y se clasifica en tres niveles: leve, con microaneurismas únicamente; moderada, cuando aparecen exudados duros, hemorragias intrarretinianas y rosarios venosos; y severa, definida por la conocida regla 4-2-1 —hemorragias severas en cuatro cuadrantes, rosarios venosos en dos cuadrantes o anomalías microvasculares intrarretinianas en un cuadrante—. El sistema registra el nivel como un dato estructurado del acto, no como texto libre, para que quede localizable en el histórico del paciente.

2.2. Retinopatía proliferativa: cuando aparecen los neovasos

La retinopatía diabética proliferativa (RDP) es el estadio de mayor riesgo: la isquemia retiniana estimula la liberación de factores angiogénicos y aparecen neovasos frágiles, sin soporte estructural, que pueden sangrar hacia el vítreo o traccionar la retina. Es la variante que con más frecuencia deriva en tratamiento urgente, y su presencia en el expediente marca al paciente para un seguimiento distinto del de una RDNP leve.

2.3. El edema macular diabético se evalúa aparte

El edema macular diabético (EMD) puede aparecer en cualquier estadio de la RDNP o la RDP y es la causa principal de pérdida de visión central en estos pacientes, así que se registra como un dato independiente del estadio de retinopatía. Su seguimiento combina la retinografía con el mapa de espesor macular de la OCT, y tener las dos pruebas en el mismo expediente es lo que permite revisarlas una junto a la otra sin ir a buscarlas por separado.

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3. Cómo se organiza el cribado en la consulta

3.1. Quién hace la fotografía

El retinógrafo no midriático permite que la captura de la imagen la haga personal de enfermería o de optometría, sin necesidad de dilatar la pupila salvo en ojos con opacidades de medios o pupilas muy pequeñas. La prueba dura pocos minutos y se resume en tres campos por ojo —papila, mácula y periferia temporal—, lo que permite sacarla del box del oftalmólogo y hacerla en un gabinete auxiliar sin perder calidad diagnóstica.

3.2. Control de calidad de la captura

No toda fotografía sirve: un parpadeo, un reflejo o una pupila mal centrada obligan a repetir la toma antes de que el paciente se vaya, porque una imagen borrosa detectada días después ya no tiene remedio sencillo. Separar la captura de la lectura solo funciona si quien capta sabe reconocer una imagen insuficiente en el momento, no después. Por eso la formación del personal auxiliar no es un trámite de un día: cubre tanto el manejo del propio retinógrafo como los criterios mínimos de nitidez y encuadre que hacen que una imagen sea útil para el oftalmólogo que la va a leer más tarde, sin verla en directo.

Carpeta con una fotografía asomando junto a un ordenador con dos rectángulos pálidos en pantalla La pregunta habitual no es cómo está hoy, sino en qué ha cambiado desde la última vez.

4. La imagen en el expediente: visor, no servidor PACS

4.1. Qué resuelve el visor y qué no

Un visor muestra la retinografía dentro del expediente del paciente, pero alguien tiene que subirla desde el retinógrafo. obeliOmed no es un servidor PACS: no recibe los estudios del equipo por red de forma automática ni gestiona listas de trabajo propias de esa categoría de producto. Lo que sí resuelve es sacar la imagen del ordenador del retinógrafo y ponerla en la historia clínica, accesible desde cualquier puesto del centro con las mismas credenciales que el resto del expediente. El detalle de cuándo hace falta dar el salto a un PACS de verdad está en cuándo hace falta un PACS y cuándo no, y el marco completo en interoperabilidad de imagen médica y redes PACS/DICOM cloud.

4.2. Comparar dos revisiones sin salir de la historia

Lo que más se repite en el seguimiento de un paciente crónico no es «cómo está hoy» sino «en qué se diferencia de la revisión anterior». Tener las dos retinografías en el mismo expediente y poder ponerlas una al lado de otra evita reconstruir esa comparación de memoria o yendo a buscar el estudio antiguo a otro sitio. El detalle del visor está en la página del visor DICOM.

5. Seguimiento: que ningún paciente crónico se pierda entre revisiones

5.1. La cita de revisión anual es la que más se pierde

Un paciente sin hallazgos hoy necesita, con carácter general, otra revisión en un plazo que decide el oftalmólogo según su caso. El problema práctico no es saberlo, es que esa cita futura no está delante de nadie el día que toca programarla: sin un mecanismo que la traiga de vuelta a la agenda, depende de que el paciente recuerde pedirla o de que alguien revise manualmente un listado.

5.2. Recordatorio y prioridad, no solo fecha en el calendario

El sistema envía recordatorios de cita por WhatsApp o email, y puntúa el riesgo de que una cita concreta quede vacía a partir de variables como el historial de asistencia del paciente, con qué antelación se citó o el día de la semana. Con ese dato se puede reforzar el aviso donde más falta hace, en vez de tratar igual una cita que casi nunca falla y otra que suele caerse. La decisión final —contactar antes, ofrecer otro hueco— sigue siendo de recepción, no del sistema.

6. Seguridad y protección de datos

6.1. Dónde vive el dato y cómo viaja

Los datos se alojan en servidores situados en España. Los documentos clínicos y los campos marcados como sensibles —no el expediente completo— van cifrados con AES-256-GCM, con una clave derivada por ámbito y rotación de claves, y la conexión viaja bajo TLS. La facturación cumple con VeriFactu y TicketBAI. Cada centro puede descargar en cualquier momento una copia de sus propios datos, incluidas las imágenes.

6.2. Trazabilidad, no promesas de inmutabilidad

Si un profesional se equivoca al guardar una prueba, puede volver a guardarla: el dato se corrige, no queda bloqueado para siempre. Lo que sí queda es el registro de auditoría con quién hizo el cambio, cuándo y qué valor había antes, que es lo que exige la Ley 41/2002 sobre la historia clínica. Todo acceso a una retinografía, también el de solo consulta, queda igualmente registrado.

7. Migrar un histórico de retinografías

7.1. La imagen va por su cuenta, aparte del texto

Al cambiar de sistema o de retinógrafo, el histórico de imagen no viaja junto con el texto de la historia clínica: son cosas distintas, y confirmar el plazo de una migración no confirma el de la otra. El formato también varía de un fabricante a otro —desde DICOM estándar hasta un formato propietario que solo abre el software del propio equipo—, y esa diferencia decide si migrar es un simple volcado de archivos o un proyecto que necesita el visor original instalado en algún sitio durante la transición.

7.2. Un caso real de migración

En Clínica Masera se migraron 70.000 historiales repartidos en tres formatos a la vez —papel, hojas de cálculo y el software anterior— y el proyecto duró cinco semanas, más de lo habitual precisamente por eso. La clínica no dejó de atender ni un día, porque los datos se importaron primero en un entorno de prueba antes del volcado definitivo. Está contado entero en el caso de Clínica Masera.

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8. Qué hace obeliOmed con la retinopatía diabética, y qué no

8.1. Lo que sí

La retinografía se sube al expediente del paciente y se trabaja ahí: se navega, se compara con la revisión anterior y se anota el estadio clínico como dato estructurado. El sistema envía recordatorios de la cita de seguimiento y puntúa el riesgo de que una cita quede vacía. El almacenamiento de imagen se amplía con el módulo correspondiente si el volumen lo pide: +15 €/⁠mes. El visor DICOM va aparte, +8 €/⁠mes, y ambos entran dentro de los planes de la especialidad de oftalmología, desde desde 29 €/⁠mes al mes.

8.2. Lo que no

No hay servidor PACS: la imagen la sube una persona de la clínica, no se recibe automáticamente del equipo. Y el sistema no interpreta la imagen ni detecta hallazgos: no hay análisis diagnóstico de retinografías con inteligencia artificial en obeliOmed, ni para retinopatía diabética ni para ninguna otra patología ocular. La lectura clínica y la clasificación del estadio son siempre del oftalmólogo.

9. Cómo se implanta un programa de cribado

9.1. Los primeros pasos

La implantación empieza por conectar el retinógrafo al flujo de subida de imágenes, formar al personal auxiliar que va a hacer la captura, y definir con el oftalmólogo el criterio de derivación: qué hallazgos pasan directamente a consulta y cuáles esperan a la siguiente revisión programada. Es un trabajo de configuración inicial, no una tarea que se repite paciente a paciente. El criterio de derivación conviene dejarlo por escrito y no solo acordado de palabra: en cuánto tiempo debe leer el oftalmólogo cada captura pendiente, y qué pasa si un caso queda sin revisar el mismo día en que se hizo la fotografía.

Retinógrafo conectado por cable a un ordenador junto a una libreta con casillas marcadas a mano La implantación es trabajo de configuración inicial, no una tarea que se repite paciente a paciente.

9.2. Cuándo tiene sentido empezar

Un programa de cribado compensa antes en clínicas con un volumen relevante de pacientes diabéticos en seguimiento, donde separar captura y lectura libera de verdad tiempo de consulta especializada. En volúmenes pequeños, el ahorro existe pero es menor, y conviene empezar igualmente: el hábito de cribar sistemáticamente es lo que evita los casos que llegan tarde, con independencia del tamaño de la clínica.

10. Preguntas frecuentes sobre retinopatía diabética y su gestión en la clínica

¿Cada cuánto hay que revisar a un paciente diabético sin retinopatía?

Depende del criterio del oftalmólogo sobre cada caso, pero con carácter general un paciente diabético sin hallazgos se revisa una vez al año. Lo importante desde el punto de vista de gestión no es la cifra, sino que esa cita futura quede programada o marcada para recuperación automática en el momento de cerrar la revisión actual, y no dependa de que el paciente recuerde pedirla meses después. Un paciente con hallazgos, en cambio, sigue el plazo más corto que determine el profesional según el estadio: semanas en vez de meses cuando hay edema macular o signos de progresión hacia la forma proliferativa. Ese plazo distinto también queda anotado en el expediente, para que la siguiente cita no se programe con la periodicidad genérica por error.

¿Quién puede hacer la fotografía de fondo de ojo en la clínica?

Con un retinógrafo no midriático, la captura la puede hacer personal de enfermería o de optometría entrenado para ello, sin que el oftalmólogo tenga que estar presente en ese momento. Lo que sí exige formación es reconocer en el acto una imagen insuficiente —borrosa, mal centrada— y repetirla antes de que el paciente se vaya, porque corregirlo días después ya no es tan sencillo. La lectura clínica de la imagen, en cualquier caso, sigue siendo siempre del oftalmólogo: quien capta no clasifica el estadio ni decide si hay que derivar, solo garantiza que la imagen que va a leer el profesional tiene la calidad suficiente para apoyar esa decisión.

¿El sistema interpreta la imagen o detecta la retinopatía automáticamente?

No, y es deliberado. obeliOmed guarda la retinografía en el expediente, permite navegarla y compararla con la revisión anterior, y deja registrado el estadio clínico que introduce el profesional. Ahí termina su trabajo: no hay análisis de imagen por inteligencia artificial que detecte microaneurismas, hemorragias o neovascularización. Un software que sugiriera ese diagnóstico entraría en un terreno regulatorio distinto, con marcado y validación clínica propios, y no es lo que obeliOmed hace ni pretende hacer. Si en el futuro se ofreciera algo así, sería un producto aparte y declarado como tal, no una función añadida en silencio a un módulo de gestión.

¿Se pueden comparar dos revisiones del mismo paciente?

Sí. Las retinografías de distintas visitas quedan en el mismo expediente y se pueden abrir una junto a otra desde la historia del paciente, sin tener que ir a buscar el estudio antiguo a otro sitio ni reconstruir la comparación de memoria. Es la vista que más se usa en el seguimiento de un paciente crónico, porque la pregunta habitual no es cómo está hoy sino en qué ha cambiado desde la última vez que se le hizo la prueba. Lo mismo aplica si el paciente también tiene OCT: las dos pruebas conviven en el mismo expediente y se consultan desde el mismo sitio, sin depender de qué equipo generó cada una.

¿Hace falta un PACS para tener las retinografías en el expediente?

No. Un visor integrado permite consultar, comparar y anotar el estudio desde la historia del paciente; lo que no hace es recibirlo automáticamente del retinógrafo por red, así que alguien tiene que subirlo. Un PACS sí lo recibe por red y gestiona listas de trabajo, pero es otra categoría de producto y otro presupuesto, y solo compensa a partir de un volumen de estudios que hace inviable subirlos a mano cada día. La pregunta que decide cuál necesitas no es «¿tenéis PACS?» sino cuántas retinografías al día habría que subir a mano en tu centro concreto.

¿Qué pasa con el histórico si cambio de retinógrafo o de proveedor?

El histórico de imagen no se traspasa solo: hay que pedir al fabricante saliente una exportación completa y comprobar que los archivos se abren en el nuevo sistema antes de dar el equipo por retirado. El formato de salida varía de un fabricante a otro, así que esa comprobación es la que decide si la migración es un volcado sencillo o necesita mantener el visor original instalado durante la transición. El texto de la historia clínica se migra aparte, con su propio plazo: que te confirmen uno no significa que te hayan confirmado el otro, y conviene pedir los dos por escrito antes de dar la renovación por cerrada.

¿Cómo evita el sistema que un paciente crónico se pierda entre revisiones?

Con recordatorios de cita por WhatsApp o email y una puntuación del riesgo de que la cita quede vacía, calculada a partir del historial de asistencia del paciente y de otras variables de la propia cita. Eso permite reforzar el aviso en los casos con más riesgo real, en vez de tratar igual a todos los pacientes citados. La decisión de cómo actuar ante ese riesgo —llamar antes, ofrecer otro hueco— la sigue tomando recepción, no el sistema. Si el modelo de puntuación no responde en algún momento, se aplica una regla fija de respaldo basada en las mismas variables, para que la clínica no se quede sin ninguna estimación mientras tanto.

¿Tiene coste aparte el módulo de visor DICOM para retina?

El visor DICOM es un módulo dentro de los planes de la especialidad de oftalmología, con su propio precio: +8 €/⁠mes. No hace falta contratarlo por separado de tu plan ni negociarlo aparte; se añade cuando lo necesitas y se ve reflejado en la misma factura. El detalle completo de planes y módulos, con tarifas desde desde 29 €/⁠mes al mes, está siempre disponible en la página de precios y planes. Si el volumen de imagen crece por encima de lo que trae el plan, el módulo de almacenamiento adicional sigue el mismo criterio: se contrata cuando hace falta, no antes.

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Última actualización: agosto de 2026.