Coste total de un software clínico: cómo se calcula a cinco años
El método para poner en la misma tabla lo que cuesta un servidor propio y lo que cuesta una suscripción: qué partidas se suman, qué se factura aparte de la cuota, qué cuesta irse y cómo entra cada modelo en la contabilidad del centro.
Las dos formas de pagar suman lo mismo al cabo de cinco años. Lo que cambia es cuándo sale el dinero de la caja del centro, y eso decide con qué otras inversiones compite el proyecto.1. La cuota mensual no es el precio, y por eso fallan las comparaciones
Cuando una dirección compara dos ofertas de ERP médico, compara dos cifras mensuales. Es la comparación más natural y la que menos información contiene: la cuota es solo una de las líneas que el sistema va a generar en la contabilidad del centro.
1.1. Lo que compara un presupuesto y lo que paga la clínica
Un presupuesto describe lo que el proveedor factura de forma recurrente. Lo que la clínica paga incluye además lo que el sistema obliga a hacer: mantener un equipo, contratar horas de un técnico, formar a quien entra y rehacer a mano lo que no quedó registrado. Ninguna de esas partidas se factura con ese nombre, y por eso no aparecen en la comparación.
1.2. Por qué el horizonte correcto son cinco años
No es una convención financiera: es el plazo que impone la propia actividad. Un centro sanitario está obligado a conservar la documentación clínica un mínimo de cinco años desde el alta de cada proceso asistencial, así que cualquier decisión sobre dónde viven las historias compromete al menos ese periodo. Un cálculo a doce meses favorece siempre al modelo que concentra el desembolso al principio, que es exactamente el que se quiere examinar con calma.
1.3. Los tres números que hay que tener antes de empezar
Antes de pedir presupuestos conviene tener escritos tres datos del centro: cuántas personas van a usar el sistema, en cuántas ubicaciones y con cuántas ramas médicas. Son los tres que mueven el precio en cualquier modelo, y sin ellos la comparación se hace sobre supuestos que cambian a mitad del proceso. Con esos números delante, comparar programas de gestión deja de ser una lista de funciones y pasa a ser una cuenta.
2. Lo que factura un servidor propio y no está en el presupuesto
El modelo local tiene una virtud contable evidente —se compra una vez— y un defecto de medición igual de evidente: el desembolso inicial es la parte visible y casi nunca la mayor.
2.1. El equipo y su ciclo de renovación
Un servidor no se compra una vez: se compra cada cierto número de años. A la máquina hay que sumarle el sistema operativo con sus licencias, el equipo de respaldo y el sistema de alimentación ininterrumpida. El error habitual es imputarlo todo al año uno y dejar los cuatro siguientes a cero, cuando lo correcto es repartirlo por el ciclo real de renovación y volver a sumarlo si ese ciclo se cumple dentro del horizonte.
2.2. La persona que lo mantiene
Un servidor propio necesita a alguien que aplique las actualizaciones, vigile las copias, revise el espacio libre y responda cuando algo falla. Sea una empresa con cuota mensual, un profesional que factura por hora o una persona de la plantilla que dedica una parte de su jornada, ese trabajo existe y tiene precio. Cuando lo asume alguien de dentro, el coste no desaparece: cambia de sitio y deja de verse.
2.3. La hora de parada
La partida más incómoda es la que se paga en consultas que no se dan. Basta multiplicar las horas que el centro estuvo sin sistema por lo que factura una hora de actividad normal para tener una cifra que suele superar a todas las anteriores. Es también la que mejor explica por qué la comparación entre nube y servidor local no se decide por la cuota, sino por quién asume la continuidad.
El equipo es la parte visible. El mantenimiento, la renovación, las copias y las horas sin sistema se pagan igual, pero ninguna llega con una factura que las llame así.Antes de elegir software, conoce las preguntas que debes hacerte
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3. Lo que factura una suscripción y tampoco está en el presupuesto
El modelo de suscripción tiene el problema contrario: fácil de comparar el primer mes y difícil de proyectar al quinto, porque su factura crece con el centro y casi ninguna oferta explica en qué dirección.
3.1. Lo que crece con el centro
Las variables que mueven una cuota son casi siempre las mismas: personas que entran al sistema, ubicaciones y ramas médicas atendidas. Un centro que abre una segunda sede no paga lo mismo al año siguiente, y eso no es letra pequeña: es el modelo funcionando. La pregunta útil no es cuánto cuesta hoy, sino cuánto costará con el centro que se espera tener dentro de tres años, sobre todo si la red va a trabajar con varias sedes.
3.2. Lo que se activa aparte
Casi todos los productos separan un núcleo de unas piezas opcionales. La lista de piezas es donde se decide el precio real, y conviene revisarla al revés de como suele hacerse: no marcando lo que se querría tener, sino señalando lo que el centro usa hoy todas las semanas. En centros con varias ramas médicas conviene además comprobar si cada especialidad suma o no suma al precio, porque ahí se separan mucho unas ofertas de otras.
3.3. Lo que se paga una sola vez
Quedan las partidas de arranque: la migración de los datos del sistema anterior, la formación del equipo, la puesta en marcha y las integraciones. No son cuota, así que no aparecen en la comparación mensual, pero se pagan igual y al principio. En la tabla se anotan en el año uno, con su importe cerrado por escrito antes de firmar.
4. Las tres facturas sorpresa, y cómo se cierran en el contrato
Lo que trae a un gerente a esta comparación no suele ser el precio, sino la sorpresa: la factura que llega sin haberla previsto. Se repiten y son tres, así que se pueden cerrar por escrito antes de firmar.
4.1. La actualización que no estaba incluida
Hay dos cosas distintas que se llaman igual: la actualización funcional, que añade capacidades, y la obligatoria, la que responde a un cambio legal o fiscal y sin la cual el centro no puede trabajar como debe. La segunda no es opcional, así que su precio no se negocia después: o está en la cuota o llegará como factura cuando la norma ya esté en vigor.
4.2. El soporte que se factura por hora
La segunda sorpresa aparece cuando lo que el centro considera soporte, el proveedor lo considera servicio. Dar de alta un tipo de visita, cambiar una tarifa, ajustar un horario o sacar un listado que no existía son peticiones cotidianas, y conviene tener por escrito cuáles entran en la cuota. Para un centro sin informático propio, el soporte del proveedor sustituye a un departamento entero y hay que negociarlo como tal.
4.3. El cambio que se convierte en proyecto
La tercera llega cuando una petición razonable —conectar con un laboratorio o con una mutua— se responde con un presupuesto de desarrollo. No siempre es abusivo: a veces es la verdad. Lo que no puede pasar es descubrirlo después de la migración, cuando el centro ya no tiene alternativa.
| Lo que hay que preguntar | Qué se pide por escrito |
|---|---|
| ¿Las actualizaciones legales y fiscales están incluidas? | Que lo diga el contrato, no el comercial |
| ¿Qué peticiones cubre el soporte y cuáles se facturan? | Una lista de ejemplos concretos del día a día |
| ¿Qué pasa cuando abro una sede o entra un profesional? | El precio de cada añadido, publicado |
| ¿Qué integraciones son estándar y cuáles son desarrollo? | El catálogo de lo que ya está hecho |
| ¿Cómo y cuándo puede subir la cuota? | El criterio de revisión y el preaviso |
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5. El coste de salir, que es el que nadie calcula
Toda comparación se hace pensando en entrar. La partida que más condiciona los cinco años siguientes es la de salir: determina si el centro podrá volver a decidir o solo aceptar lo que le propongan.
5.1. Exportar: formato, plazo y precio
Que un proveedor diga que los datos son del cliente no significa nada por sí solo; lo que importa es en qué formato se entregan, en cuánto tiempo y a qué precio. Un volcado que llega como un archivo cerrado que solo lee ese mismo programa cumple la promesa y no sirve para nada. La diferencia se nota justo cuando toca migrar de un sistema antiguo sin perder datos ni parar la consulta, y para entonces ya no se puede negociar.
5.2. Lo que hay que seguir conservando aunque cambies de proveedor
Cambiar de programa no interrumpe la obligación de custodia: la documentación clínica se conserva un mínimo de cinco años desde el alta de cada proceso asistencial, con independencia de en qué sistema esté. Eso convierte la exportación en un requisito legal, no en una comodidad, y obliga a comprobar que lo entregado se puede consultar de verdad años después, no solo almacenar.
5.3. Lo que se pacta antes de firmar, no después
Tres cláusulas resuelven casi todo: el formato de entrega de los datos al terminar, el plazo máximo y qué ocurre si el contrato se interrumpe por impago o por cierre del proveedor. Pedirlas no es desconfianza: es la diligencia con la que se firma un alquiler. Un proveedor que las acepta sin discutir está diciendo algo sobre su producto.
6. La plantilla del cálculo a cinco años
Con las partidas identificadas, el cálculo es una tabla de una tarde. No hace falta una hoja compleja: hace falta que las dos opciones se midan con las mismas líneas.
6.1. Una línea por partida, la misma para las dos opciones
Se escribe una fila por concepto y una columna por opción, y se rellenan las dos aunque una quede a cero. Estas son las filas que no pueden faltar:
- Desembolso inicial: equipo, licencias, puesta en marcha, migración y formación.
- Cuota recurrente, con el crecimiento previsto de usuarios, sedes y ramas médicas.
- Mantenimiento técnico: horas contratadas o dedicación de alguien de dentro.
- Renovación del equipamiento dentro del horizonte, si el ciclo se cumple antes de cinco años.
- Continuidad: horas de parada estimadas por lo que factura una hora de actividad.
- Salida: exportación, conservación de lo antiguo y horas del equipo.
Es la misma disciplina que se aplica al auditar los costes operativos de la clínica: lo que no tiene fila, no se ve.
Una fila por partida y una columna por opción, rellenando las dos aunque alguna quede a cero. Una fila vacía también es información: dice quién asume ese trabajo.6.2. El calendario de caja, que no es el total
Dos opciones pueden sumar lo mismo a cinco años y tener efectos muy distintos en la tesorería del centro. Una concentra el desembolso al principio; la otra lo reparte. Conviene mirar las dos cifras: el total del periodo y lo que sale de caja cada año, porque la segunda es la que decide si el proyecto compite con otras inversiones del centro.
6.3. Los dos errores que invalidan el resultado
El primero es valorar a cero el trabajo interno, que hace desaparecer la mitad del coste del modelo local. El segundo es proyectar el centro de hoy durante cinco años sin incorporar el crecimiento previsto, lo que abarata artificialmente el modelo cuya factura crece con el uso.
7. Inversión o gasto: cómo entra cada modelo en la contabilidad
Las dos opciones no solo cuestan distinto: entran distinto en las cuentas del centro. Conviene saberlo antes de presentar la decisión, porque cambia cómo se lee.
7.1. Qué dice la tabla oficial de amortización
Comprar un servidor es adquirir un activo que se amortiza a lo largo de varios ejercicios, y los coeficientes no los elige el centro: están en la tabla del Impuesto sobre Sociedades. Para los equipos destinados a procesos de información el coeficiente lineal máximo es del 25 % con un periodo máximo de ocho años; para los sistemas y programas informáticos, del 33 % con un máximo de seis. El gasto no se imputa entero el año de la compra, y esa es justo la razón por la que la comparación a doce meses engaña.
7.2. Lo que ve la propiedad y lo que ve el banco
Una suscripción es gasto corriente: aparece completa en la cuenta de resultados del año y no deja nada en el balance. Una compra deja un activo que se amortiza. Para la dirección de un centro pequeño la diferencia relevante suele ser más práctica: una decisión es reversible y la otra inmoviliza dinero en algo cuyo valor solo baja.
7.3. Hasta dónde llega esto
Este apartado sirve para plantear bien la conversación, no para resolverla. La deducibilidad concreta, el tratamiento de una operación mixta o el efecto de un arrendamiento financiero dependen de la situación fiscal del centro y los responde la asesoría, con las cifras reales delante.
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8. Qué medir cuando ya se ha decidido
Un cálculo que solo sirve para elegir se desperdicia. Las mismas filas, revisadas dos veces al año, convierten la decisión en algo comprobable y evitan que el coste vuelva a desaparecer.
8.1. Coste del sistema por profesional y mes
Todo lo que el sistema cuesta en un mes, dividido entre los profesionales que lo usan. Sube cuando se activan piezas que nadie pidió y baja cuando el centro crece sin que crezca la factura. Medido cada seis meses, detecta un contrato que se ha ido llenando de extras.
8.2. Horas de administración y de soporte
Dos cuentas sencillas: cuántas horas dedica el equipo a tareas que el sistema debería resolver, y cuántas incidencias se han abierto con el proveedor y cuánto se ha tardado en cerrarlas. La primera dice si el programa está trabajando; la segunda, si el soporte contratado se parece al soporte prometido.
8.3. Desviación entre lo presupuestado y lo facturado
Al cerrar el primer año se comparan las facturas reales con la tabla que se hizo antes de firmar. La desviación importa menos por su tamaño que por su origen: si viene del crecimiento del centro, el modelo funciona; si viene de conceptos no previstos, hay una conversación pendiente.
9. Qué hace obeliOmed con esto
Esta comparación se puede hacer contra cualquier proveedor, incluido el nuestro. Así respondemos a las tres preguntas que más ensucian una tabla de costes.
9.1. El precio en piezas y sin permanencia
El precio se compone de un plan por centro, los módulos que se activan a la carta y los usuarios que se añaden uno a uno. No hay coste de alta y la contratación es mes a mes, así que la fila de «salida» de la tabla no arrastra penalizaciones. El importe de cada pieza está publicado, que es la condición para que alguien pueda calcular lo que le va a costar sin llamar a un comercial.
9.2. Lo que va incluido y no se factura aparte
Las actualizaciones —legales, fiscales y funcionales— entran en la cuota, igual que el soporte técnico y el acceso desde cualquier dispositivo con navegador, sin instalar nada. Los datos son del centro y se exportan en formato abierto cuando quiera, que es la respuesta a la partida del apartado cinco.
9.3. Lo que sí se presupuesta aparte
Tres cosas: la migración cuando el volumen o el formato de origen lo complican, las integraciones a medida con sistemas fuera del catálogo estándar y la formación presencial, porque la online va incluida. Decirlo antes de firmar es lo que evita la factura sorpresa del apartado cuatro.
10. Preguntas frecuentes sobre el coste de un software clínico
¿Qué es el coste total de propiedad de un software clínico?
Es todo lo que el sistema hace pagar al centro durante el periodo que se analiza, no solo lo que factura el proveedor. Incluye el desembolso inicial, la cuota, el mantenimiento técnico, la renovación de los equipos, la formación de quien entra, las horas en que no se pudo trabajar y lo que costará marcharse. Calculado así, dos ofertas que parecían separadas por poco suelen quedar a bastante distancia, y a veces gana la que tenía la cuota más alta. El ejercicio se hace una vez y sirve para los cinco años siguientes.
¿Por qué se calcula a cinco años y no a uno o a tres?
Porque es el plazo mínimo que impone la propia actividad sanitaria: la documentación clínica se conserva al menos cinco años desde el alta de cada proceso asistencial, así que la decisión sobre dónde viven las historias compromete ese periodo entero. Además, un horizonte corto favorece siempre al modelo que concentra el gasto al principio y esconde la renovación del equipamiento, que suele caer justo dentro de esos cinco años. Con un plazo largo las dos opciones se miden con la misma vara, y aparecen las partidas que solo ocurren una vez cada varios años.
¿Qué partidas se olvidan siempre al comparar dos ofertas?
Cuatro, y se repiten: el trabajo interno que alguien de la clínica dedica a mantener el sistema, la renovación del equipamiento cuando el ciclo se cumple dentro del periodo, las horas de parada valoradas por lo que factura una hora de actividad, y el coste de exportar los datos al terminar. Ninguna llega como factura con ese nombre, y por eso desaparecen de la comparación. Escribirlas como filas de una tabla, aunque alguna quede a cero, es lo único que las hace visibles. Una fila vacía es información: dice quién asume ese trabajo.
¿Cuánto cuesta mantener un servidor propio en una clínica?
Depende del equipo y del contrato, pero la cifra se construye siempre con las mismas piezas: la máquina y su sistema operativo, el equipo de respaldo, el sistema de alimentación ininterrumpida, las horas de quien aplica actualizaciones y vigila las copias, y la renovación cuando toca. A eso se suma lo que cuesta cada hora sin sistema. Pedir esas piezas por separado a quien hoy da ese servicio es más útil que buscar una media de sector, porque la media no describe a ningún centro concreto. Con la factura del año pasado delante, el cálculo sale en una tarde.
¿Qué preguntas evitan las facturas sorpresa?
Cinco, y con respuesta por escrito: si las actualizaciones legales y fiscales están incluidas, qué peticiones cubre el soporte y cuáles se facturan, qué se paga al abrir una sede o incorporar a un profesional, qué integraciones son estándar y cuáles son desarrollo, y con qué criterio y preaviso puede subir la cuota. Las cinco parecen obvias hasta que se piden por escrito, y ese es justo el momento en que se descubre cuáles no tenían respuesta clara desde el principio. Lo que no quede en el contrato acabará discutiéndose cuando ya no haya alternativa.
¿Qué es el coste de salida y cómo se calcula?
Es lo que cuesta dejar de usar un sistema: la exportación de los datos, las horas del equipo dedicadas a revisar que llegó todo, la conservación de lo antiguo mientras siga siendo obligatorio y cualquier penalización pactada. Se calcula preguntando tres cosas antes de firmar: en qué formato se entregan los datos, en cuánto tiempo y a qué precio. Si la respuesta es vaga, esa vaguedad es el coste, porque significa que la decisión de cambiar dejará de ser del centro. Conviene calcularlo al entrar, que es el único momento en que aún se puede negociar.
¿Puedo llevarme la historia clínica si cambio de proveedor?
Los datos son del centro, así que sí, y además hace falta: la obligación de conservar la documentación clínica no se interrumpe porque se cambie de programa. Lo que hay que comprobar es que la entrega sea utilizable, no solo que exista. Un volcado en un formato que únicamente abre el sistema de origen cumple la letra y no sirve para consultar un historial tres años después. Conviene pedir una muestra real del formato de exportación antes de firmar, no una descripción: abrirla con una herramienta corriente demuestra en cinco minutos si la promesa se sostiene.
¿Una suscripción se amortiza como una inversión?
No: es gasto corriente del ejercicio y aparece completa en la cuenta de resultados del año, sin dejar nada en el balance. La compra de un servidor sí es un activo que se amortiza durante varios ejercicios, con los coeficientes de la tabla del Impuesto sobre Sociedades. La consecuencia práctica para la dirección es que una decisión es reversible y la otra inmoviliza dinero. El tratamiento fiscal concreto de cada caso lo resuelve la asesoría del centro, con sus cifras reales delante, y conviene consultarlo antes de decidir, no al cerrar el ejercicio.
¿Sale siempre más barato el modelo en suscripción?
No siempre, y afirmarlo sin la tabla delante es exactamente el error que este artículo intenta evitar. Un centro estable, con personal técnico propio y equipamiento ya comprado y amortizado, puede encontrar razonable mantener lo que tiene. La suscripción gana con claridad cuando el centro crece, abre ubicaciones o no quiere depender de una persona concreta para seguir trabajando. La respuesta la da el caso, y el caso se escribe con las seis filas del apartado seis. Lo que no admite discusión es que sin esa tabla la decisión se toma a ciegas.
¿Qué indicadores confirman que la decisión fue buena?
Tres, revisados cada seis meses: el coste del sistema por profesional y mes, las horas que el equipo dedica a tareas que el programa debería resolver, y la desviación entre lo presupuestado y lo facturado en el primer año. El tercero es el que más dice, y no por su tamaño sino por su origen: si la desviación viene del crecimiento del centro, el modelo funciona; si viene de conceptos que no estaban previstos, hay una conversación pendiente con el proveedor. Revisarlo al cerrar el año evita que la desviación se consolide como normal.
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- Ley 27/2014, del Impuesto sobre Sociedades, art. 12.1.a): la tabla de amortización fija un coeficiente lineal máximo del 25 % y ocho años para los equipos destinados a procesos de información, y del 33 % y seis años para los sistemas y programas informáticos.
- Ley 41/2002, art. 17.1: los centros sanitarios conservan la documentación clínica «como mínimo, cinco años contados desde la fecha del alta de cada proceso asistencial».
Última actualización: agosto de 2026.