Qué es y qué no es, en dos líneas: es un visor. Subes al expediente del paciente los archivos DICOM que exportas de tus equipos y los trabajas dentro de obeliOmed —navegar series, medir, anotar, comparar—. No es un PACS tradicional: no promete que las máquinas envíen los estudios sin que nadie intervenga, aunque para algunos equipos hay carpeta vigilada y worklist.

Visor DICOM para oftalmología: ver las pruebas dentro del expediente

Las imágenes de tus equipos dejan de vivir en el ordenador de cada gabinete y pasan a la ficha del paciente, donde ya está todo lo demás. Qué hace el visor, cómo entran los archivos, cuándo compensa y en qué se diferencia de un PACS.

Monitor de pared en un gabinete a oscuras con una imagen médica dentro de una ficha La prueba deja de vivir en el ordenador del gabinete y pasa a la ficha del paciente.
La prueba deja de estar en el ordenador del gabinete y pasa a estar donde el especialista la necesita: junto al resto de la historia.

1. Dónde vive hoy cada prueba de tu consulta

1.1. Cada prueba en un sitio distinto

Haz el ejercicio de recorrer mentalmente tu clínica y preguntarte dónde está guardada cada cosa. En la mayoría de consultas de oftalmología el reparto es más o menos este: el OCT en el ordenador del gabinete, porque el visor del fabricante solo está instalado ahí. La campimetría en otro equipo distinto, con su propio software y su propia forma de exportar. Las retinografías en una carpeta de red que alguien creó hace años. Los informes en el gestor. Y las fotos del polo anterior, con suerte, en el móvil de alguien.

Ninguna de esas decisiones fue mala por separado. Cada equipo llegó con su software, se instaló donde tenía sentido y se empezó a usar. El problema aparece cuando quieres hacer algo tan normal como ver la evolución de un paciente: entonces hay que levantarse, ir a dos o tres sitios, buscar por fecha o por apellido, y confiar en que nadie haya movido ni renombrado nada.

1.2. El coste que se paga cada vez que se busca

Ese recorrido cuesta poco la primera vez y mucho a lo largo del año. En una consulta con volumen alto de crónicos, la misma prueba se consulta cinco o seis veces a lo largo de su vida útil: en la revisión siguiente, cuando hay que comparar, cuando se prepara un informe, cuando el paciente pide una copia, cuando se deriva. Cada una de esas veces se paga el peaje de ir a buscarla.

Pruebas diagnósticas repartidas entre el gabinete, un ordenador, un archivador y una carpeta de red Cada equipo llegó con su software y se instaló donde tenía sentido. El problema aparece al querer ver la evolución del paciente.

Hay además un efecto secundario que se nota menos y duele más: lo que cuesta encontrar, se consulta menos. Si abrir el estudio anterior implica cambiar de ordenador, la tentación de juzgar por la impresión de hoy en lugar de por la comparación con hace seis meses es real. No es un problema de rigor profesional, es de fricción.

2. Qué resuelve el visor, y qué no

2.1. Lo que sí hace

El visor DICOM ataca una parte concreta de ese problema, y conviene decir exactamente cuál: una vez el archivo está subido al expediente, se ve y se trabaja ahí. Se acaba el ir a buscarlo, se acaba depender del ordenador donde está instalado el software del fabricante y se acaba que la prueba viva fuera de la historia del paciente.

2.2. Lo que no hace

Lo que no hace conviene decirlo con la misma claridad, porque prometer de más se paga en la primera demo:

  • No es un PACS tradicional: no archiva a largo plazo todo lo que genera el equipo ni responde a consultas de otros sistemas que le pidan un estudio.
  • No se conecta con cualquier equipo: según el fabricante, hay carpeta vigilada (el equipo exporta y obeliOmed recoge) o worklist (el equipo lee la agenda), pero no es universal.
  • Sin esas dos vías, no recibe estudios solo: alguien de la clínica exporta el archivo y lo sube.

Si lo que necesitas es que las máquinas envíen las pruebas sin intervención humana en cualquier caso, lo que buscas es un PACS, y esto no lo es. Merece la pena tenerlo claro antes de valorar nada más, porque son dos categorías de producto distintas que se confunden a menudo por compartir la palabra DICOM. Tenemos una guía entera sobre cuándo hace falta un PACS de verdad y cuándo no.

2.3. Visor y PACS, uno junto al otro

NecesidadPACS tradicionalVisor en el expediente
Recibir estudios de la máquina sin intervención humanaSegún equipo (carpeta vigilada)
Lista de trabajo de modalidad (el equipo lee la agenda)Según equipo
Archivo a largo plazo de todo lo que genera el equipoNo es su función
Ver la prueba junto al resto de la historiaNo
Consultarla desde cualquier puesto sin instalar nadaDepende del visor
Que quede bajo el mismo control de accesos que la historiaNo

Visto así se entiende por qué muchas consultas acaban con las dos cosas y no les sobra ninguna: el PACS como archivo y el expediente como sitio de trabajo. Lo que se sube al expediente no es todo lo que genera la máquina, sino lo que se va a mirar durante la visita.

3. Cómo llegan las imágenes al expediente

3.1. El circuito, en tres pasos

El circuito por defecto es manual y tiene tres pasos, salvo que tu equipo soporte carpeta vigilada o worklist: Cada equipo generador es una modalidad DICOM con su forma propia de exportar. Una de las vías estables es la carpeta vigilada DICOM.

  • Se exporta del equipo: la prueba se genera y se saca en DICOM, igual que se hace hoy para cualquier otro uso.
  • Se sube a la ficha: el optometrista, enfermería o recepción lo adjunta al expediente del paciente.
  • Queda con el resto: a partir de ahí, cualquiera con permiso lo abre desde la consulta sin moverse del sitio.

Es un paso más para quien hace la prueba y un ahorro para todos los demás en todas las visitas siguientes. La cuenta sale a favor cuanto más se consulte cada estudio, que es precisamente lo que ocurre en las consultas de crónicos.

3.2. Un criterio de qué subir, y cuándo

En la práctica, las clínicas que mejor lo integran no suben todo: establecen un criterio. Por ejemplo, subir siempre la prueba basal y las de las revisiones de control, y no las repeticiones por artefacto o baja fiabilidad. Ese criterio ahorra almacenamiento y, sobre todo, evita que el expediente se llene de ruido y cueste encontrar lo relevante — que es el mismo problema del que se venía huyendo, solo que dentro.

El momento de subirlo también importa. Si se hace en el gabinete justo después de la prueba, el archivo llega antes que el paciente a la consulta. Si se deja para el final del día, el especialista pasa la visita sin ella. Es una decisión de flujo de trabajo, no de software, y conviene tomarla explícitamente en lugar de dejar que se resuelva sola.

4. Qué puedes hacer con la imagen

4.1. Cinco cosas dentro del visor

El visor no se limita a mostrar el archivo. Una vez abierto dentro del expediente puedes:

  • Navegar el estudio completo: series y multiframe, pasando entre los cortes o las imágenes de una misma prueba sin abrir nada aparte.
  • Medir sobre la imagen, con las medidas guardadas junto al estudio para que sigan ahí la próxima vez.
  • Anotar y marcar, para dejar señalado lo que quieres revisar en la siguiente visita o lo que le vas a explicar al paciente.
  • Comparar dos estudios del mismo paciente, que en patología crónica es lo que de verdad importa.
  • Descargar y compartir el archivo desde el expediente, para un informe, una derivación o una segunda opinión.

Todo dentro del navegador y sin instalar un visor propietario en cada puesto. Esa es la otra mitad del problema del principio: el software del fabricante que solo existe en el ordenador donde se compró el equipo, y que ata la prueba a esa mesa. Cuando el visor es web, la consulta de la planta de arriba, el despacho y la sala de informes ven lo mismo sin que nadie instale nada.

Dos estudios del mismo paciente comparados lado a lado para valorar la progresión entre revisiones En patología crónica lo que importa no es la imagen de hoy, sino la diferencia con la de hace seis meses.

4.2. Por qué la comparación es la función que más pesa

Merece la pena detenerse en la comparación, porque es la función que más cambia una revisión. Ver dos estudios juntos no es solo comodidad: es la diferencia entre valorar una imagen y valorar una trayectoria. Y cuando además las anotaciones de la vez anterior siguen encima, la comparación arranca donde la dejaste, no desde cero.

5. Por qué esto pesa tanto en patología crónica

5.1. La comparación se repite durante años

En una consulta de cataratas la prueba se usa una vez y se archiva. En glaucoma, retina o control de miopía, el mismo paciente vuelve cada tres, seis o doce meses durante años, y cada visita es un ejercicio de comparación con todo lo anterior. Ahí el coste de tener las pruebas dispersas se multiplica por el número de revisiones.

Hay además una cuestión de continuidad asistencial. En una consulta con varios especialistas, el paciente crónico no siempre ve al mismo profesional. Si las pruebas están en el expediente, quien le atiende hoy tiene delante lo mismo que tenía su compañero hace seis meses, incluidas sus anotaciones. Si están repartidas por gabinetes, cada uno reconstruye la historia como puede.

5.2. Cinco o seis consultas por la vida de un estudio

5-6
veces que se consulta el mismo estudio a lo largo de su vida útil en una consulta de crónicos: revisión, comparación, informe, copia al paciente, derivación

Y una consecuencia práctica que se olvida: cuando el paciente pide una copia de sus pruebas —cosa a la que tiene derecho— tenerlas en el expediente convierte una búsqueda por tres ordenadores en una descarga. Lo mismo cuando hay que preparar documentación para una mutua o para una derivación a un hospital.

6. Formatos y el resto de documentos

6.1. Lo que no necesita el módulo

El visor DICOM es un módulo aparte para la imagen diagnóstica. Pero el expediente admite documentos en todos los planes, sin contratar nada: PDF, JPG y PNG se suben y se ven igual.

En la práctica eso significa que informes escaneados, consentimientos firmados, derivaciones o fotografías del polo anterior no necesitan el módulo. El módulo hace falta cuando quieres trabajar el archivo DICOM original, con sus series y sus medidas, en lugar de una captura de pantalla o un PDF exportado.

6.2. Cuándo cambia la cosa

Es una distinción que conviene hacer antes de contratar, porque no todas las consultas la necesitan. Si tu forma de trabajar hoy es exportar el informe en PDF y adjuntarlo, y con eso te basta para el seguimiento, el módulo te aporta poco. Si en cambio abres el estudio original para medir o comparar, ahí es donde cambia.

7. Una imagen diagnóstica es dato de salud

7.1. Categoría especial, no un archivo cualquiera

Conviene recordarlo porque la práctica habitual lo contradice a diario: una retinografía o un OCT son datos de salud a efectos del RGPD, con las mismas obligaciones que la historia clínica: categoría especial, artículo 9 RGPD.

Eso choca de frente con la carpeta de red compartida donde acaban muchas pruebas, a la que accede quien tenga la unidad mapeada, sin registro de quién ha entrado ni cuándo. O con el visor del fabricante instalado en un puesto sin contraseña porque «es el del gabinete».

7.2. Qué cambia al vivir dentro del expediente

Cuando las imágenes viven dentro del expediente heredan el mismo control que el resto de la historia: permisos por perfil, cifrado de los documentos y registro de accesos. No es una funcionalidad que se venda sola, pero es la diferencia entre poder demostrar quién vio qué y no poder hacerlo. Si quieres revisar cómo está tu clínica en este punto, el checklist de auditoría RGPD incluye la custodia de imagen diagnóstica.

8. Cuánto cuesta y cuándo compensa

8.1. El precio del módulo

El visor DICOM es un módulo opcional: +8 €/⁠mes por centro. Como el resto de módulos, comprometiéndote a doce meses pagas diez. Se activa y se da de baja cuando quieras: al darlo de baja deja de facturarse el mes siguiente y los archivos que hayas subido siguen siendo tuyos.

8.2. Cuándo se amortiza

Sobre cuándo compensa, la respuesta honesta depende de dos cosas: cuántos crónicos llevas y si trabajas el estudio o solo lo miras. Una consulta con seguimiento de glaucoma o retina, donde se compara en cada revisión, lo amortiza en tiempo enseguida. Una consulta donde la prueba se archiva y no se vuelve a abrir, no.

Puedes ver cuánto suma sobre tu configuración concreta en la calculadora de precios, o revisar el modelo completo en precios y planes. Y si aún estás decidiendo qué debe recoger tu historia clínica de oftalmología, la guía de qué debe incluir una historia clínica oftalmológica ayuda a ordenar la pieza en la que esto encaja.

9. Qué necesitas para empezar

9.1. Los cuatro puntos que hay que cerrar

Nada que no tengas ya, salvo una decisión de flujo de trabajo. Estos son los cuatro puntos que conviene cerrar antes de activar el módulo, por orden de importancia:

  • Saber exportar en DICOM desde tus equipos. Todos los OCT, campímetros y retinógrafos modernos lo hacen, pero la ruta cambia de fabricante a fabricante y a veces está enterrada en un submenú. Merece la pena localizarla y dejarla anotada antes de empezar, no el primer día con pacientes esperando.
  • Decidir qué se sube y qué no. Ya lo hemos dicho, pero es el punto que más diferencia una implantación que funciona de una que se abandona en tres semanas. Un criterio sencillo —basal y revisiones de control, no repeticiones por artefacto— basta para empezar.
  • Decidir quién lo sube y cuándo. Lo más habitual es que lo haga quien realiza la prueba, en el gabinete, justo después. Así el archivo llega antes que el paciente a la consulta.
  • Revisar el almacenamiento de tu plan. Un estudio DICOM completo pesa órdenes de magnitud más que un PDF. Si vas a subir de forma sistemática, haz una estimación con el peso real de tus pruebas antes que después.

9.2. Por dónde se tuercen las implantaciones

El error más común en las implantaciones que se tuercen no es técnico: es no haber decidido el segundo y el tercer punto. Cuando no está claro quién sube qué, acaba subiendo cada uno lo que le parece o no sube nadie, y en las dos situaciones el expediente deja de ser fiable. Y un expediente en el que no confías es peor que no tenerlo, porque sigues yendo a buscar la prueba al gabinete «por si acaso».

Una recomendación de arranque: empieza por una patología y un profesional. Glaucoma es el candidato natural, porque es donde la comparación entre visitas aporta más. Cuando el circuito esté rodado con un especialista y una consulta, extenderlo al resto es cuestión de repetir algo que ya funciona, no de convencer a nadie de que pruebe algo nuevo.

10. Preguntas frecuentes

¿Puedo conectar mi OCT para que envíe las pruebas directamente?

Depende del equipo. Si tu OCT o campímetro soporta carpeta vigilada, se configura para que exporte ahí y obeliOmed recoge el estudio solo, sin que nadie lo suba a mano. Si soporta worklist, el equipo puede leer la agenda de obeliOmed para saber qué paciente toca. Ninguna de las dos convierte a obeliOmed en un PACS tradicional: no archiva a largo plazo todo lo que genera el equipo ni responde a peticiones de otros sistemas. Y si tu equipo no soporta ninguna de las dos vías, el archivo se exporta y se sube a mano, como hasta ahora.

¿Sirve si ya tengo un PACS montado?

Son cosas distintas y no se estorban. Tu PACS sigue guardando y sirviendo los estudios a largo plazo; el visor te permite tener en la ficha del paciente los que vas a consultar durante la visita, junto al resto de su historia, sin cambiar de pantalla ni de sesión. Muchas consultas acaban usando las dos cosas y no les sobra ninguna: el PACS como archivo de todo lo que genera el equipo, y el expediente como sitio de trabajo para lo que se mira en cada revisión.

¿Quién puede subir los archivos?

Cualquier usuario con permiso sobre el expediente: el especialista, el optometrista o recepción. Los permisos se configuran por perfil, así que puedes decidir quién sube y quién solo consulta, igual que con el resto de la historia clínica. En la práctica funciona mejor cuando lo sube quien hace la prueba, en el gabinete y justo después, porque así el archivo ya está en la ficha cuando el paciente llega a la consulta. Esa configuración por perfil es la misma que sostiene el registro de accesos: queda constancia de quién ha subido y quién ha consultado cada estudio, no solo de que existe.

¿Las medidas y las anotaciones quedan guardadas?

Sí, junto al estudio. Cuando vuelvas a abrirlo verás lo que marcaste la vez anterior, y al comparar con una prueba posterior sigues teniendo delante lo que anotaste entonces: la comparación arranca donde la dejaste, no desde cero. Es especialmente útil en patología crónica, donde el mismo estudio se revisa varias veces a lo largo de los años y lo que importa no es la imagen suelta, sino la trayectoria. Las anotaciones son privadas del expediente y no se comparten fuera de él salvo que decidas descargar o compartir el archivo explícitamente.

¿Hay límite de almacenamiento?

El que traiga tu plan, con un módulo de ampliación si te quedas corto. Las imágenes DICOM pesan bastante más que un PDF, así que conviene mirarlo si vas a subir estudios completos de forma sistemática y no solo puntual. Si sigues el criterio de subir la basal y las revisiones de control, sin repeticiones por artefacto, el consumo real suele ser bastante menor de lo que parece al principio. Si en algún momento te acercas al límite, el aviso llega antes de que falte espacio, no después.

¿Necesito instalar algo en cada ordenador?

No. Funciona en el navegador, igual que el resto de obeliOmed. No hace falta el visor del fabricante en cada puesto, que es justo lo que ata la prueba al ordenador donde se compró el equipo. La consulta de la planta de arriba, el despacho y la sala de informes ven el mismo estudio sin que nadie tenga que instalar ni configurar nada adicional. Solo hace falta un navegador actualizado y la misma sesión con la que ya trabajas en el resto de obeliOmed, sin licencias por puesto que gestionar.

¿Puedo darle acceso al paciente a sus imágenes?

Puedes descargar el archivo y entregárselo, o compartirlo para una derivación o una segunda opinión, en el momento en que lo necesite. El acceso permanente y autónomo del paciente a su documentación —para que la consulte cuando quiera sin pedirla— depende del módulo de portal del paciente, que es un módulo distinto y se contrata aparte. Mientras tanto, cada descarga o envío queda igualmente registrado en el expediente, así que no se pierde la trazabilidad de a quién se le ha entregado qué y cuándo, algo que conviene poder demostrar si el paciente lo pide más adelante.

¿Dónde se guardan las imágenes y quién puede verlas?

En la misma infraestructura que el resto del expediente: servidores en España, con los documentos cifrados y registro de accesos. Una imagen diagnóstica es dato de salud a efectos del RGPD —categoría especial, artículo 9—, con las mismas obligaciones que la historia clínica, y por eso hereda su mismo control de permisos por perfil en lugar de vivir en una carpeta de red compartida sin registro de quién ha entrado. Es la misma infraestructura y el mismo nivel de protección que usa el resto de la historia clínica, no un almacenamiento aparte con reglas distintas.

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Referencias

Última actualización: agosto de 2026.